Una de las prohibiciones en los mandamientos es hacer esculturas o imágenes para hacer ídolos de ellas, ni siquiera de Dios. Dios es tan alto y tan sublime que es imposible replicar ni fabricar nada semejante a su imagen.
Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó y tuvieron comunión con Dios. Esto le dio al ser humano una dignidad por encima de las demás criaturas creadas. Tras la caída, el ser humano perdió la comunión y relación con Dios, pero no perdió su imagen ni su dignidad aunque la imagen del hombre quedó afectada y deformada por el pecado.
Dios nos amó de tal manera que envió a su único Hijo, el Verbo, Jesucristo. Como un Cordero sin mancha, cargó todos los pecados de la humanidad sobre sí mismo y restauró la relación perdida.
Ahora, por gracia mediante la fe, los redimidos pueden volver a reflejar en sus vidas la imagen de Dios. ¿Cómo es esa imagen?, dice la Biblia que Cristo es “la imagen del Dios invisible”, Col 1:15, por eso Jesús le dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Por un momento, en el monte de la transfiguración, Pedro, Jacobo y Juan vislumbraron la gloria de nuestro Señor. Su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Moisés y Elías a cada lado de Jesús, representaban a la ley y los profetas ante la suprema revelación de Dios. Una nube de luz los cubrió y se escuchó la voz del Padre diciendo “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, a él oíd”. Mateo 17:5.
Por tanto, para reflejar la imagen de Dios hemos de oírle a el, conocer y parecernos mas a nuestro Señor Jesucristo. Es un proceso que nos llevará la vida, siendo cambiados y transformados a su semejanza. “Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen ,como por el Espíritu del Señor” 2ª Corintios 3:18.
Un día “… sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” 1 Juan 3:2. Hasta entonces, no dejes de mirar a Cristo para poder reflejar en tu vida la mejor imagen de Dios.