El libre albedrío del ser humano es una cosa buena, pero incluye la posibilidad del mal. El mal es un misterio. Nació de la rebelión satánica y con los ángeles caídos. A nosotros no nos correspondía tener conocimiento del mal ni darle cabida en nuestro ser. El mal es un legado de la desobediencia. Nuestros primeros padres incurrieron en desobediencia cuando comieron del árbol prohibido de la ciencia del bien y del mal. Desde entonces hemos conocido lo que es el mal y lo hemos sufrido en nuestras propias carnes.
El mal es una entidad o categoría moral hija de la perversión. Pero una cosa es el mal en sí mismo y otra el sufrimiento y la muerte que acarrea. Dios es también Señor sobre todo mal. Se sirve de él para enseñar a sus criaturas e instruir a sus hijos a combatirlo y vencerlo con el bien, porque resulta que Él es el vencedor que ha vencido el mal y la muerte en toda regla y nos invita a ser partícipes de su victoria. A Él sea toda la gloria.