Al igual que cuida de las plantas, Dios vela por nosotros. Él comprende que cada planta y cada flor necesita un cuidado especial, porque todas son diferentes. Por ejemplo, algunas plantas como las de Pascua o las orquídeas necesitan ser regadas de manera específica, sumergiéndolas en un recipiente con agua, mientras que otras requieren poca agua para no ahogarlas, y algunas más necesitan riegos abundantes.
De la misma manera, Dios sabe cómo cuidarnos a cada uno de nosotros, qué tipo de «riego» necesitamos y cómo darnos el cuidado adecuado para que florezcamos. Así, podemos dar frutos o, como las flores, esparcir un aroma especial. Es importante recordar que somos únicos, con necesidades distintas, y Dios lo sabe perfectamente.
Jesús mismo habló sobre las flores cuando mencionó a los lirios del campo, que se visten con esplendor sin preocuparse: «¿Y por qué se preocupan por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo. No trabajan ni hacen ropa. Sin embargo, ni el rey Salomón, con toda su riqueza, se vistió tan bien como una de ellas.» (Mateo 6:28-29)
Si Dios cuida de las flores, ¿cuánto más cuidará de nosotros?