Un joven rico viene a Jesús preguntándole como heredar la vida eterna y le cuenta como bajo su propio criterio se consideraba bueno y justo, hacedor de buenas obras. Jesús mirando su corazón y discerniendo sus intenciones le retó: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Mateo 19:21)
El joven se fue triste porque ere muy rico y no estaba dispuesto a dejarlo todo para seguir a Jesús. Su amor por sus riquezas le impedían recibir el mayor tesoro. Cada persona tiene su propio tesoro y donde esté nuestro tesoro allí está nuestro corazón. Desgraciadamente la gran mayoría de personas deciden tomar el camino ancho y fácil y solo unos pocos pagan el alto precio de tomar el camino angosto y le siguen. En este mundo, toda riqueza que atesoremos será breve y se acabará, pero hay un tesoro mayor en los cielos.
Curiosamente, Jesucristo comparó El reino de Dios con un tesoro escondido en un campo y con una perla preciosa. Desde la antigüedad, el pueblo de Dios esperaba el rey que vendría en los últimos tiempos a gobernar en justicia y establecer la paz. Este rey es Dios mismo y se llama Jesús. Aunque el reino de Dios se establecerá por completo en su segunda venida, ya está presente en todos aquellos que por fe le han recibido.
En las dos parábolas del tesoro escondido y la perla de gran precio la persona que los hallaba y lo vendía todo para obtenerlos. Ese gran tesoro lo reciben los que aman a Jesús y le siguen, el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. ¿Quieres tu recibir el mayor tesoro?